4. EL DETERIORO SOCIAL

“Y los grandes propietarios, que deben perder sus tierras en una convulsión, los grandes propietarios con acceso a la historia, con los ojos para leer la historia y conocer el gran hecho: cuando la propiedad
se
acumula en muy pocas manos, les es arrebatada. Y ese hecho compañero: cuando la mayoría de las personas que tienen hambre y frío van a tomar por la fuerza lo que necesitan”.
– John Steinbeck, Las uvas de la ira


Mientras que nuestra forma actual de capitalismo ha creado, sin duda alguna,  una abundancia de riqueza material, también es responsable por muchos de los problemas sociales que tenemos hoy en día. Nosotros podemos preguntarnos cómo la capacidad de sacar provecho de la tierra fomenta la disfunción social, pero una vez que nos damos cuenta de hasta qué punto existe riqueza en abundancia y hasta qué grado en la comunidad la riqueza es privatizada para beneficio personal, también llegamos a darnos cuenta de lo corruptas que
de hecho son la mayoría de las sociedades. Existen muchos problemas sociales como resultado de la forma en que nuestro sistema distribuye desacertadamente la riqueza, no como resultado de una inalterable condición humana.

Con el fin de examinar las causas de muchos de nuestros problemas sociales, es imprescindible mirar cómo los valores de la tierra son privatizados a través de nuestro modelo actual de propiedad. La Tierra es muy apreciada en nuestra sociedad: grandes sumas de dinero cambian de manos en las transacciones inmobiliarias todos los días. El

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valor de la tierra cambia con el tiempo- a veces sube, y a veces baja aunque la historia demuestra que a medida que la sociedad se vuelve más próspera, el valor de la tierra tiende a subir por encima de la inflación.

Las comunidades, no los dueños de las propiedades, hacen que las tierras sean valiosas. “Pero espere,” usted podría decir: “Pero si construyo una casa en un pedazo de tierra, puedo venderla por más dinero después. El valor de una propiedad depende sin duda de lo que hago con ella”. De hecho, el valor de una propiedad cambia: Una propiedad con un casa en ella es más valiosa que una propiedad de tamaño similar cercano que no tiene una casa. Sin embargo, mientras que la riqueza de la comunidad circundante se mantenga sin cambios, las mejoras no afectan de manera significativa al valor de la tierra cruda sobre la cual existen. (13) 

Es importante distinguir el valor del terreno en bruto, del valor de las mejoras realizadas a la tierra. Siempre que hagamos esa distinción esencial, diferenciamos algo que existe por sí mismo en la naturaleza- la tierra– de algo que ha sido creado por los seres humanos: mejoras a la tierra, tales como edificios. Para ayudarnos a comprender mejor que el valor de la tierra es de naturaleza social, imaginemos una parcela de tierra yerma, en un desierto, tan lejos de la civilización que no puede ser de utilidad para humano alguno. Esa parcela estéril de tierra podría ser reclamada de forma gratuita ya que ningún ser humano  concebiría jamás usarla para propósito alguno; su precio de venta por lo tanto, sería 0$. Incluso si cientos de millones de dólares se invirtieran en la construcción de un rascacielos en la parte superior de esa parcela de tierra, el rascacielos no sería

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útil para nadie. Mientras el edificio se encontrase a solas sin propiedades circundantes o población – sin beneficios comunitarios o conveniencias de tipo alguno– nadie concebiría comprar la propiedad por cualquier cantidad superior al valor de sus mejoras materiales. Esto es así porque- y esta idea es  crucial- el
valor de la tierra pertenece a las comunidades que lo han creado: El valor de la tierra se genera socialmente.

La ironía es que mientras que las mejoras tales como edificios no afectan al valor subyacente de la tierra sobre la cual se encuentran, tienen la capacidad de forma indirecta de afectar a las propiedades que las rodean. Lo hacen al incorporarse a la demanda ya existente en un lugar concreto, aumentando los valores de la tierra a su alrededor, como un panel fresco de vidrio incorpora vapor de agua invisible en forma de gotitas. El edificio de un hospital, por ejemplo, proporciona un entorno para médicos y enfermeras para practicar en un área, y esto aumenta la calidad de vida de las personas que viven en esa zona, que a su vez crea una mayor demanda de ese lugar en particular. Edificios y otras obras de infraestructura, por lo tanto, pueden indirectamente causar aumentos del valor de la tierra en las zonas de los alrededores.

Hasta ahora hemos descubierto tres verdades sobre los bienes raíces:

1. El valor de una propiedad se puede dividir en el valor de sus mejoras (capital) y el valor de la superficie subyacente (la tierra).

2. Las mejoras realizadas a una propiedad aumentan el valor total de dicha propiedad , pero en general, no cambian el valor de la tierra subyacente.

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En cambio, el valor del suelo se genera socialmente y pertenece a la comunidad que lo ha creado.

3. Los edificios pueden indirectamente hacer la tierra circundante más valiosa.

Si compramos una propiedad con una casa por 250.000$ y determinamos en el momento de la compra que el edificio en sí tiene un valor de 100.000$, sabemos que el precio de venta de la tierra misma- la tierra cruda, si no hay más mejoras que hayan sido hechas- es de un valor de 150.000$. Si vendemos la propiedad un año más tarde por 270.000$ sin hacer ninguna mejora adicional a la misma, asumiendo que nuestro edificio no se haya deteriorado y que no haya habido ninguna inflación monetaria, nuestro 8% de beneficio de 20,000$ se debe enteramente a la mayor demanda de la ubicación subyacente (tierra). La demanda podría haber aumentado debido a la presencia de población adicional o debido a la presencia de  servicios o infraestructuras más valiosos en los alrededores. Este beneficio no surge de valor adicional alguno que hayamos creado nosotros para la sociedad.

En este ejemplo, nuestro 8% de beneficio de 20,000$ resulta exclusivamente de un aumento del 13% en el precio de esta tierra en particular en este lugar, ahora a un precio de 170,000$ en lugar de 150.000$. El precio de venta simplemente ha aumentado porque la comunidad alrededor de él se convirtió en más rica en su conjunto. Por lo tanto, cuando nos metemos en el bolsillo los beneficios de esta venta, estamos siendo recompensados ​​económicamente por

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riqueza que no hemos creado nosotros; además, recibimos este premio a expensas de todos los demás, ya que el coste de vida y el trabajo se ha incrementado significativamente para todo el mundo que vive en los alrededores. Dado que el valor de la tierra se determina por su entorno, nosotros como sociedad ¡hemos permitido durante siglos que los dueños de propiedades privadas cosechen privadamente grandes cantidades de
riqueza generada socialmente! Este lucro en la actualidad es un robo continuado a la sociedad que conduce a una mayor y mayor desigual reparto de la riqueza a expensas de los que no sacan provecho de la tierra.

Dado que las personas sólo pueden ser pagadas por sus productos y servicios o extrayendo rentas de la sociedad, menos ingresos están disponible para atender el pago de bienes y servicios cuando, proporcionalmente, más ingresos se utilizan para pagar el alquiler monopolizado de la tierra. (14) Esencialmente, siempre que los propietarios recogen alquiler de los crecientes valores de la tierra, menos recursos financieros quedan para los salarios y las inversiones de capital, y esta dinámica puede poner efectivamente a la sociedad en la vía rápida hacia el deterioro social y la inequidad. A medida que la sociedad se hace cada cada vez más rica con un desarrollo progresivo, los propietarios absorben una parte cada vez mayor de la riqueza de la sociedad, dejando menos para pagar por los bienes y servicios. (15) Este principio ayuda a explicar por qué los salarios tienden al mínimo en una sociedad materialmente abundante: ¿Por qué  los empleados de las cadenas de comida rápida tienen que mantener dos puestos de trabajo con salarios mínimos mientras que su empleadores- las cadenas en sí mismas, no los franquiciados–  se embolsan millones de dólares a través de sus fideicomisos y fondos de inversión en bienes raíces? (16) ¿Por qué los promotores inmobiliarios

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que ganan dinero alquilando viviendas en
lugares valiosos, son capaces de imponer un alto rendimiento año tras año mientras que los propietarios de viviendas de clase media y los asalariados tienen dificultades para pagar sus hipotecas?

Debido a que no diferenciamos la tierra del capital, las ganancias privadas del aumento del valor de la tierra son generalmente consideradas como ganancias de capital, siendo por eso que sólo hay evidencia indirecta que correlaciona la desigualdad de la riqueza con los ingresos de la tierra. (17) Mientras más y más personas compitan por la tierra en ciertos lugares, y siempre y cuando se les permita a las personas y las empresas  obtener beneficios a partir de los incrementos subyacentes del valor de la tierra, las fuerzas que perpetúan la la desigualdad de riqueza crecen con más fuerza. Dado nuestro actual sistema de propiedad, tiene sentido que veamos mayor desigualdad de riqueza en los lugares donde hay mayor densidad de población, porque los valores del suelo mandan un mayor porcentaje de los recursos financieros a las áreas más densas, fluyendo a las manos de aquellos que poseen la tierra. (18) Los salarios, mientras tanto, no aumentan proporcionalmente en todos los ámbitos al mismo ritmo que la tierra se encarece.

Como Marco Aurelio, el gran filósofo romano escribió hace casi dos mil años, “La pobreza es la madre del crimen.” Siempre que una sociedad es empujada cada vez más hacia una mayor y mayor desigualdad de riqueza, todo el mundo se ve afectado negativamente. De acuerdo con un hallazgo publicado en The Review of Economics and Statistics, los delitos violentos en la sociedad tiene una fuerte correlación con la desigualdad de riqueza, mientras que el crimen contra la propiedad -no violento-

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tiene una fuerte correlación con la pobreza y la actividad policial. (19) En otras palabras, mientras que la pobreza puede obligar a la gente a robar o dañar la propiedad, la desigualdad de riqueza es más probable que obligue a la gente a atacar con violencia. La psicología detrás de este patrón no es difícil de entender: mientras las personas pueden tener una tendencia a robar por desesperación, son más propensos a cometer actos de violencia basados en la ira y la frustración si se enfrentan con altos niveles de desigualdad que evocan una sensación de injusticia, por lo menos a un nivel subconsciente. Estos hallazgos son importantes porque nos muestran que siempre que una considerable desigualdad de la riqueza existe -y por ende nuestra capacidad para sacar provecho de la tierra- el crimen violento es probable que siga siendo parte constante de nuestra experiencia humana.

La capacidad de las personas para extraer la riqueza de la sociedad aprovechándose de la tierra también conduce a la degeneración cultural y a una pérdida de cohesión social a través del tiempo. Como las personas convergen entorno a una cierta ubicación, -ya sea un pueblo en crecimiento, ciudad o metrópolis-  la demanda de tierras aumenta. Los precio de la tierra están destinados a aumentar como resultado. En general, como el valor de la tierra aumenta, el rendimiento del capital tiende a disminuir comparativamente, lo que desalienta a los dueños de negocios de invertir en bienes de capital y empresa privada. Los inversionistas astutos se preocupan por el rendimiento de sus inversiones, y si la tierra ofrece un mejor retorno de la inversión que el capital, los recursos fluirán lejos de los esfuerzos productivos que puedan crear empleos, producir riqueza y animar la sociedad, y en su lugar fluirán hacia la especulación con el suelo. Como la gente cada vez

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extrae
más la riqueza de la sociedad, la sociedad no podrá aprovechar correctamente los poderes regenerativos de la cultura y de la empresa creadora de riqueza, y en su lugar se incentivará el comportamiento especulativo que conduce a la corrosión del tejido social. Este ciclo, finalmente, provoca el deterioro de la sociedad misma.

“Hay miles podando las ramas del mal por cada uno que da con su raíz.”  remarcó Henry David Thoreau en su famosa frase. Los enfoques convencionales que buscan remediar muchos de nuestros problemas sociales son a menudo sólo podas de las “ramas del mal.” Cada vez que abordamos un problema social al hacer un lugar más habitable a través de actos de caridad o aumentando la disponibilidad de servicios sociales, la riqueza de la sociedad aumenta invariablemente; En consecuencia, aquellos que son capaces de sacar provecho de la tierra con el tiempo consiguen detraer más riqueza aún de la sociedad a expensas de los que no son ricos. Y es por eso que incluso el progreso social y tecnológico por sí solo no puede resolver los problemas que aquejan a la civilización humana siempre y cuando algunos puedan beneficiarse de la tierra a expensas de los demás. Cuestiones como la decadencia social y el crimen tienen que subsanarse en su núcleo; si queremos atacar la raíz de estos problemas, tenemos que compartir los unos con los otros el valor de la tierra, y hacerlo dará lugar a una mejor calidad de vida para todos. Walt Whitman, uno de los poetas más grandes de Estados Unidos, expresó bellamente:

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El país más grande, el país más rico, no es el que tiene más capitalistas, monopolistas, inmensos ávaros, grandes fortunas, con su tristes, tristes extremos, degradantes, condenandos a la pobreza, sino la tierra en la que hay el mayor número de granjas, pequeños terratenientes -donde la riqueza no muestra tales contrastes altos y bajos, donde todos los hombres tienen suficiente-, una vida modesta- y ningún hombre se ha hecho poseedor más allá de las necesidades sanas y bellas del cuerpo simple y el alma sencilla.

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